viernes, 22 de diciembre de 2017

Mi ciudad

El carrusel de caballitos,
dejó, la mitad para el final.
Una y principio...
Como que quise subir,
y nadie me quiso acompañar.

Recoletos,  es una sola voz.
El perfil en Castellana,
el cuerpo desnudo de doscientos
que gritan, sin saber que lo están,
soltándole una coz al mas hambriento.

Me quedo con el sol
de las once menos cuarto
y de una ventanilla de bus
justo en frente, de un jardín botánico
imaginándome...todas esas vidas
en el cuerpo de sus flores.

Me quedo, con el hombre descalzo
en pleno invierno y que pide.
Y con su corazón, desnudo como sus pies
y que sigue caminando
sin saber a donde va...

Me quedo con el
y con sus manos heladas de tanto viajar,
y con la ilusión de creer.
Que el alimento de su sueño
sea mi sueño para el.

Creo en la mitad de lo real
y en el sabor de una única uva en la boca
un segundo, después de las doce
campanadas...manantial.

Me di cuenta, camino de una voz
que me esperaba relajada y tranquila
en un cuarto, con vistas maravillosas
y con calefacción.

Que la vida es otra cosa,
Un espejo sin reflejo
y sin cuarto ni rincón.

Me di cuenta de ti,
subiendo tu ruidosa calle,
que fue la primera que bajé
después de nacer en  paz.

Que bonita calle para vivir
al cruzar la ciudad.
Delicias y una guitarra y su voz  al susurrar.

Vicenta y Mario
una corrala al despertar...

Una cuna, y mas de un niño en su almohada.


como alimentarme de recuerdos,

y, sin embargo
son los recuerdos los que siempre se alimentan de mi.

Es una oración...  y música imaginaria.

Una comunión, despertando...
con todos esos besos en mi garganta.

Suelo imaginar, a éste lado del cristal.
Son los recuerdos, los que me dejan sin palabras...
al final.