viernes, 23 de febrero de 2018

Alcatraz

Siento mis huesos helarse en el salón
y la piel erizándose en la espalda.

Siento el vaho saliendo por la boca
y mis manos tiñéndose de azul
y mis pies enfriándose en la roca
y mi garganta tapándose,
con el color del calor de una bufanda 
llevada por su fuego al corazón.

Siento los murmullos a lo lejos
elevando las palabras en el aire,
pasándolas sin miedo por reflejos
que en misma oscuridad se deshacen.

Siento, pienso y rio.
La cobardía
quiso bailar con alegría
suspendida por un único tacón
en la parte alta del verso,
entre las nubes imaginarias
y el primero de los besos que te di
pidiéndote perdón.

Vuelvo, dejándome llevar por las palabras
al rincón de las paredes silenciosas e
iluminado por sus velas.

Vuelvo a sentir el frío.
Cruzo el pasillo
y las poesías clavadas en la pared
caen al paso por detrás
como las hojas de los árboles de otoño
en un parque sin nadie,
que esperan ver la luz
después de marchar la nube
volviéndose a clavar.

Siento los huesos helarse en el salón
estando desnudo.

Siento frío y calor
y vuelvo por dibujar esas palabras.

No te duermas, corazón.