miércoles, 22 de junio de 2016

Connubio

La segunda de las tres barcas, se quedó sin remos.
Tanto aullido, y tan vacíos,
y tantas cuevas... nacidas de sus propios ecos.
La mano, sujeta el cristal
y la boca la sangre fría.
La muerte, principio de vida inacabada.
Almohada en precipicio sin cama presente.
Verbo de ansiedad
y luces, al final de la vía
convertidas en su propio túnel.
Corte de venas en la más absoluta soledad.
Y lágrimas entre las letras
desdibujadas por la sangre en el papel
dejando con sus uñas, marcas en mi espalda
es verdad.
Suelo,
escapar por la ventana,
una vez por noche
y siempre regreso...
y siempre vuelvo a escapar.